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México es mi héroe

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En ese momento parecía no ser tan grave, por un momento llegué a pensar que el susto había sido demasiado grande para lo que en realidad fue. Eran las 13:14 del 19 de septiembre de 2017 y yo, al igual que muchos mexicanos no tenía ni idea de lo que vendría. 

El terremoto que se había sentido fue uno de los mas destructivos en la historia de México, tan sólo las primeras proyecciones días después puntarían a 1.300 millones de dólares y parecía un chiste de mal gusto que sucediera justo en el aniversario del terremoto del 85. Incluso las condiciones, sociales, económicas y políticas de aquel entonces se repetían, corrupción, desconfianza en las instituciones publicas, abusos de poder, depreciación de la moneda, altos indices de pobreza, inseguridad, etc.

Pero entonces algo mágico pasó. Toda una generación nos levantamos de entre los escombros para ayudar en el momento de crisis que vivíamos. Tal vez fue que crecimos con historias de super héroes, tal vez escuchamos estábamos cansados de escuchar lo importante que era ayudar al prójimo o puede que fueran los relatos de nuestros padres sobre lo que vivieron en el 85. No lo sé, puede que fuera algo más que aún estamos por descubrir en nuestra sociedad, pero en ese momento miles de personas se convirtieron en los héroes que necesitábamos.

He leído relatos de desastres naturales en otros países, historias de tristeza y desesperanza frente a la perdida total de una vida de trabajo, pero eso no pasó en mi México. Estábamos tan ocupados pensando como ayudar, estábamos tan pendientes de buscar maneras para rescatar a los atrapados, encontrar a los perdidos o sanar a los heridos que se nos olvidó el momento de lamentarnos por nuestra tristeza y eso nos encantó. Todos estuvimos al pendiente de las escenas heroicas de los miles de personas ayudando en la capital del país, pero también nos alentó a unirnos y realizar actos de solidaridad en nuestras colonias. Más y más personas se organizaban para recolectar víveres y llevarlos a las zonas que por una u otra razón no los estaban recibiendo, equipos de ayuda profesional y voluntaria llegaban a cada momento a cualquier parte de las zonas afectadas, era algo totalmente normal escuchar la pregunta ya ayudaste? y como respuesta un si, sin importar a quien le preguntaras.

En esos días vi lo más hermoso de México y sentí un nudo en la garganta a cada momento, de esos que te dan cuando ves algo tan hermoso que ni siquiera sabes de que otra manera reaccionar. Hemos visto cómo nunca se dejaba atrás a otros, una sola pizca de esperanza significaba horas de trabajo para lograr rescatar un ser vivo, sin que importara si esa vida pertenecía a un animal pequeño o a una persona. Cada vida contaba. 

Pero también vi a lo que nos ha reducido nuestros problemas diarios. Asaltos justo durante la emergencia, acaparación de víveres, personas viviendo en casas dañadas con el temor de dejarlas para salir a conseguir ayuda y que al regresar les hubieran robado lo poco que les quedaba. He visto verdadera desesperanza, tristeza, codicia, desconfianza y sobre todo miedo en los ojos de las personas y en esos mismos ojos me he visto luchando para poder ayudarnos a salir a delante.

Nos he visto humildemente darnos cuenta de lo insignificantes que somos para el gran orden del mundo, de lo impotentes que somos de controlar las mismas fuerzas de la naturaleza que presumíamos tener a nuestros pies. Pero también encuentro esperanza en todo esto, esa de que sigamos cambiando para mejor, no por pertenecer a un país o región, sino porque como especie podemos ser mejores ya nos lo hemos demostrado más de una vez y porque sin importar lo que pase, los buenos somos más y no sólo esperamos, también luchamos. De ahora en adelante tenemos que entender que cada día, cada minuto y segundo es una lucha constante por hacer lo correcto, por esforzarse, por salir adelante. Porque la reconstrucción no termina con las casas o barrios, tenemos que reconstruir todo lo que por comodidad dejamos olvidado y en el proceso reconstruirnos por dentro.

#FuerzaMexico

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